T6. INTRODUCCIÓN A LA NUMISMÁTICA
La Numismática es la ciencia que estudia las monedas y los objetos monetiformes, incluyendo todos
sus aspectos–como su material, fabricación, mensajes, leyendas, tipos, etc–. Esta disciplina se originó
en el Renacimiento por la nostalgia clásica, con estudios innovadores como De asse et partibus eius de
G. Bidé (1514) y Illustrium Immagines de Andrea Fulvio (1517), sobre los retratos de las personalidades
a través de sus representaciones en moneda. En los s.XVIII-XIX, destacan las obras Doctrina
nummorum veterum del sacerdote jesuita J. Eckel (1792-98)–padre de la Numismática como ciencia–y
Description historique et chronologique des monnaies de la Republique Romaine del medievalista E.
Babelon (1886), famoso por salvar las colecciones numismáticas francesas del expolio nazi.
En la actualidad, destacan centros de formación y difusión como el Museo Británico, el proyecto
Change, Museo Ashmoleon de Oxford, la Sociedad Americana de Numismática, la Sociedad
Numismática Real, la Biblioteca Nacional de Francia, el Istituto Italiano de Numismatica, la Sociedad
Iberoamericana de Estudios Numismáticos (SIAEN), el Museo Arqueológico Nacional y el Gabinete
Numismático de Cataluña.
La Numismática ha sido, sin lugar a dudas, la disciplina histórica que más radicalmente ha cambiado;
ya no se considera una ciencia auxiliar de la Historia. Cabe destacar, obviamente, que toda aquella
inscripción en moneda se clasificará dentro de la Epigrafía, concretamente la Epigrafía numismática.
La moneda también muestra el arte, la técnica y la economía de una sociedad, además de su estrecha
relación con la Hªpolítica.
Su aparición es el culmen de un proceso en el que las sociedades buscan un elemento con valor propio
para regular intercambios comerciales, cada vez más complejas. Se comienza con el trueque simple
(excedente a cambio de déficit), para luego evolucionar a “premonedas”(p.ej: ganado (caput/pecus) a
luego metal en bruto y más tarde con forma) y finalizar con la moneda como tal. Esta última es una
pieza metálica de forma circular o poligonal emitida por una autoridad competente–que garantiza su
valor con símbolos y marcas (GR:polis/reyes-ROM:Senado/Emperador)– que se emplea en su momento
como medio de cambio por su valor (intrínseco, o sea, lo que vale el metal; o legal, el asignado por el
Estado; además del de mercado).
El surgimiento de la moneda no es un hecho fortuito, sino que necesita numerosos factores, entre los
cuales se hallan:
• Existencia de una autoridad (templo, ciudad, estado, rey...) que garantiza su valor.
• Disponibilidad (posesión, control o acceso) de recursos mineros.
• Nivel técnico: controlar su grado de pureza y conocer su fabricación.
Por otra parte, una moneda siempre está formada por tres elementos, definidos por San Isidro de Sevilla
en sus Etimologías. Son la materia–de qué está hecha; muy ligada a la Metrología, la ciencia sobre los
pesos teóricos y reales de las monedas–, la ley–normas de emisión, magistrados (encargados de
emisión), sistemas monetarios y el grado de pureza–y la forma, cuyos elementos son el anverso
(autoridad) y el reverso. En una moneda podemos encontrarnos el tipo–imagen representada en la cara
de una moneda–con retratos, divinidades, alegorías, recursos económicos y acontecimientos político-
militares; la leyenda–escrituras en su cara, pudiendo ser directas (de izq a der), indirectas (de der a izq),
pudiendo ser estas dos externas o internas, o bien anepígrafas–; el campo (superfície sin ocupar), la
gráfila (cordón alrededor de su cuerpo) y el exergo (“suelo” situado bajo una línea ubicada en la cara).
Son dos los procedimientos clave a la hora de fabricar las monedas: la fusión y la acuñación. El primero,
más arcaico y de peor calidad técnica y artística, hace referencia a un conjunto de acciones que permiten
dar forma a un metal que se vierte en un molde vacío para solidificarse y mostrar una apariencia
determinada. Se consigue gracias a la propiedad de los líquidos de mantener la forma de su superficie,
a pesar de luego solidificarse. Para ello, primero se ha de obtener un primer ejemplar que sirva de
modelo para los venideros, aplastándose contra un molde de arcilla en el que deja su huella. Sobre este
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La Numismática es la ciencia que estudia las monedas y los objetos monetiformes, incluyendo todos
sus aspectos–como su material, fabricación, mensajes, leyendas, tipos, etc–. Esta disciplina se originó
en el Renacimiento por la nostalgia clásica, con estudios innovadores como De asse et partibus eius de
G. Bidé (1514) y Illustrium Immagines de Andrea Fulvio (1517), sobre los retratos de las personalidades
a través de sus representaciones en moneda. En los s.XVIII-XIX, destacan las obras Doctrina
nummorum veterum del sacerdote jesuita J. Eckel (1792-98)–padre de la Numismática como ciencia–y
Description historique et chronologique des monnaies de la Republique Romaine del medievalista E.
Babelon (1886), famoso por salvar las colecciones numismáticas francesas del expolio nazi.
En la actualidad, destacan centros de formación y difusión como el Museo Británico, el proyecto
Change, Museo Ashmoleon de Oxford, la Sociedad Americana de Numismática, la Sociedad
Numismática Real, la Biblioteca Nacional de Francia, el Istituto Italiano de Numismatica, la Sociedad
Iberoamericana de Estudios Numismáticos (SIAEN), el Museo Arqueológico Nacional y el Gabinete
Numismático de Cataluña.
La Numismática ha sido, sin lugar a dudas, la disciplina histórica que más radicalmente ha cambiado;
ya no se considera una ciencia auxiliar de la Historia. Cabe destacar, obviamente, que toda aquella
inscripción en moneda se clasificará dentro de la Epigrafía, concretamente la Epigrafía numismática.
La moneda también muestra el arte, la técnica y la economía de una sociedad, además de su estrecha
relación con la Hªpolítica.
Su aparición es el culmen de un proceso en el que las sociedades buscan un elemento con valor propio
para regular intercambios comerciales, cada vez más complejas. Se comienza con el trueque simple
(excedente a cambio de déficit), para luego evolucionar a “premonedas”(p.ej: ganado (caput/pecus) a
luego metal en bruto y más tarde con forma) y finalizar con la moneda como tal. Esta última es una
pieza metálica de forma circular o poligonal emitida por una autoridad competente–que garantiza su
valor con símbolos y marcas (GR:polis/reyes-ROM:Senado/Emperador)– que se emplea en su momento
como medio de cambio por su valor (intrínseco, o sea, lo que vale el metal; o legal, el asignado por el
Estado; además del de mercado).
El surgimiento de la moneda no es un hecho fortuito, sino que necesita numerosos factores, entre los
cuales se hallan:
• Existencia de una autoridad (templo, ciudad, estado, rey...) que garantiza su valor.
• Disponibilidad (posesión, control o acceso) de recursos mineros.
• Nivel técnico: controlar su grado de pureza y conocer su fabricación.
Por otra parte, una moneda siempre está formada por tres elementos, definidos por San Isidro de Sevilla
en sus Etimologías. Son la materia–de qué está hecha; muy ligada a la Metrología, la ciencia sobre los
pesos teóricos y reales de las monedas–, la ley–normas de emisión, magistrados (encargados de
emisión), sistemas monetarios y el grado de pureza–y la forma, cuyos elementos son el anverso
(autoridad) y el reverso. En una moneda podemos encontrarnos el tipo–imagen representada en la cara
de una moneda–con retratos, divinidades, alegorías, recursos económicos y acontecimientos político-
militares; la leyenda–escrituras en su cara, pudiendo ser directas (de izq a der), indirectas (de der a izq),
pudiendo ser estas dos externas o internas, o bien anepígrafas–; el campo (superfície sin ocupar), la
gráfila (cordón alrededor de su cuerpo) y el exergo (“suelo” situado bajo una línea ubicada en la cara).
Son dos los procedimientos clave a la hora de fabricar las monedas: la fusión y la acuñación. El primero,
más arcaico y de peor calidad técnica y artística, hace referencia a un conjunto de acciones que permiten
dar forma a un metal que se vierte en un molde vacío para solidificarse y mostrar una apariencia
determinada. Se consigue gracias a la propiedad de los líquidos de mantener la forma de su superficie,
a pesar de luego solidificarse. Para ello, primero se ha de obtener un primer ejemplar que sirva de
modelo para los venideros, aplastándose contra un molde de arcilla en el que deja su huella. Sobre este
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material refractario ya cocido, se vertía el metal fundido. Forma superficies muy porosas, con caras
pobremente ornamentadas y un tamaño un poco inferior; sin embargo, el principal inconveniente era la
facilidad de falsificarlas (con un simple horno doméstico y un molde hecho a partir de una muestra de
moneda).
La acuñación, por otra parte, consiste en poner dos cuños al mismo tiempo para convertir un mero trozo
de metal en una moneda, debido en gran parte a la ductilidad de los metales. Se golpea el metal maleable
con dos grabados en hueco de las figuras y leyendas. Costa de tres fases:
• Obtención de los cospeles/flanes (discos en blanco sobre el que se acuña): obtenidos de forma
similar al proceso de fusión. Se coloca en una caja de madera la arcilla sobre la que se marcan
los alveolos, es decir, los orificios donde se vierte el metal
• Fabricación de los cuños: se necesitan dos cuños, uno para el reverso y otro para el anverso.
Uno es fijo (suele ser el de anverso) y otro es móvil. El material elegido para los cuños de las
monedas de plata y oro era el bronce; mientras que para bronce se usaban de hierro. Quedan
pocos restos debido a la destrucción inmediata tras su uso o deterioro.
• Acuñación a martillo: sobre el cuño fijo se golpea el flan y el móvil se añade al martillo o bien
lo sujeta el acuñador mientras lo utilizaba.
A lo largo de las fases de producción de moneda, es común cometer errores que luego se perciben:
desde el diseño de los cuños hasta la fabricación del cospel (flan), pasando por pasos en falso durante
la acuñación y daños posteriores. Es frecuente encontrar una falsa correspondencia entre las leyendas y
los tipos, retratos erróneos con la titulación del personaje representado, leyendas con problema de
espacio, utilizar el cuño de forma invertida, faltas de ortografía (letras duplicadas, falta de letras), tener
el cuño de reverso golpeado, gastado o incluso roto. Aparecen también monedas incusas (con una cara
de hueco), descentradas o con el cospel demasiado grande.
Uno de los elementos que más aparecen son las contramarcas o resellos, o sea, añadidos tras la
acuñación de la moneda, ya sea por incrementar su valor o su tiempo de validez (ambos siempre en
época de escasez monetaria); los contorniatos, que como indica su nombre tienen un contorno/surco
muy marcado; monedas partidas para dividir su valor; los objetos monitoformes (con valor y apariencia
de moneda), como los medallones y spintrias (escenas sexuales y números para pagar a prostitutas,
aunque en la actualidad se está desmintiendo esta teoría).
La circulación monetaria es, o bien, el estudio de las zonas y territorios por donde circula la moneda
emitida por una ceca concreta o por un conjunto de cecas, o bien, el estudio de las monedas en en un
territorio y tiempo concretos. Sea cual sea la definición, esta disciplina está en boga en los últimos años,
con ya multitud de estudios realizados.
Por último, conoceremos cómo se hallan las monedas:
• Fortuitamente: encontradas en superficies en zonas con una ocupación de pueblos pasados muy
rica (púnicos, romanos, griegos...) o a través del uso de detectores de metales. La ausencia de
contexto empobrece su hallazgo.
• En excavaciones arqueológicas: son los de más valor, especialmente si se encuentran en un
estrato bien documentado. Además de las monedas al uso, destacan los restos de carontes,
monedas funerarias de carácter apotropaico.
• Tesoros/tesorillos/depósitos: ocultaciones de monedas en grandes cantidades. Poco frecuentes,
pero muy extraordinarios; ya sea por ahorro o peligro, se guardan en recipientes cerámicos o
de tela (se descompone).
T7. NUMISMÁTICA GRIEGA
El mundo griego antiguo siguió el esquema de la evolución de la moneda típico: de trueque (excedente
a cambio de déficit) a premoneda (ganado/metal en bruto/metal con forma) y de allí a moneda. Se
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pobremente ornamentadas y un tamaño un poco inferior; sin embargo, el principal inconveniente era la
facilidad de falsificarlas (con un simple horno doméstico y un molde hecho a partir de una muestra de
moneda).
La acuñación, por otra parte, consiste en poner dos cuños al mismo tiempo para convertir un mero trozo
de metal en una moneda, debido en gran parte a la ductilidad de los metales. Se golpea el metal maleable
con dos grabados en hueco de las figuras y leyendas. Costa de tres fases:
• Obtención de los cospeles/flanes (discos en blanco sobre el que se acuña): obtenidos de forma
similar al proceso de fusión. Se coloca en una caja de madera la arcilla sobre la que se marcan
los alveolos, es decir, los orificios donde se vierte el metal
• Fabricación de los cuños: se necesitan dos cuños, uno para el reverso y otro para el anverso.
Uno es fijo (suele ser el de anverso) y otro es móvil. El material elegido para los cuños de las
monedas de plata y oro era el bronce; mientras que para bronce se usaban de hierro. Quedan
pocos restos debido a la destrucción inmediata tras su uso o deterioro.
• Acuñación a martillo: sobre el cuño fijo se golpea el flan y el móvil se añade al martillo o bien
lo sujeta el acuñador mientras lo utilizaba.
A lo largo de las fases de producción de moneda, es común cometer errores que luego se perciben:
desde el diseño de los cuños hasta la fabricación del cospel (flan), pasando por pasos en falso durante
la acuñación y daños posteriores. Es frecuente encontrar una falsa correspondencia entre las leyendas y
los tipos, retratos erróneos con la titulación del personaje representado, leyendas con problema de
espacio, utilizar el cuño de forma invertida, faltas de ortografía (letras duplicadas, falta de letras), tener
el cuño de reverso golpeado, gastado o incluso roto. Aparecen también monedas incusas (con una cara
de hueco), descentradas o con el cospel demasiado grande.
Uno de los elementos que más aparecen son las contramarcas o resellos, o sea, añadidos tras la
acuñación de la moneda, ya sea por incrementar su valor o su tiempo de validez (ambos siempre en
época de escasez monetaria); los contorniatos, que como indica su nombre tienen un contorno/surco
muy marcado; monedas partidas para dividir su valor; los objetos monitoformes (con valor y apariencia
de moneda), como los medallones y spintrias (escenas sexuales y números para pagar a prostitutas,
aunque en la actualidad se está desmintiendo esta teoría).
La circulación monetaria es, o bien, el estudio de las zonas y territorios por donde circula la moneda
emitida por una ceca concreta o por un conjunto de cecas, o bien, el estudio de las monedas en en un
territorio y tiempo concretos. Sea cual sea la definición, esta disciplina está en boga en los últimos años,
con ya multitud de estudios realizados.
Por último, conoceremos cómo se hallan las monedas:
• Fortuitamente: encontradas en superficies en zonas con una ocupación de pueblos pasados muy
rica (púnicos, romanos, griegos...) o a través del uso de detectores de metales. La ausencia de
contexto empobrece su hallazgo.
• En excavaciones arqueológicas: son los de más valor, especialmente si se encuentran en un
estrato bien documentado. Además de las monedas al uso, destacan los restos de carontes,
monedas funerarias de carácter apotropaico.
• Tesoros/tesorillos/depósitos: ocultaciones de monedas en grandes cantidades. Poco frecuentes,
pero muy extraordinarios; ya sea por ahorro o peligro, se guardan en recipientes cerámicos o
de tela (se descompone).
T7. NUMISMÁTICA GRIEGA
El mundo griego antiguo siguió el esquema de la evolución de la moneda típico: de trueque (excedente
a cambio de déficit) a premoneda (ganado/metal en bruto/metal con forma) y de allí a moneda. Se
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